Desde que lo conocí sabia que esto iba a pasarle, por eso no le preste mucha atención. En varias oportunidades pensé en dibujarle unos ojitos o algo que lo diferenciara de los demás, para que todos supieran que ese era Tom, mi tarea vegetal. Creí que la herida hecha por mi lápiz sobre su verde piel me ayudaría a encontrarlo, pero no fue así.
Durante varios días entraba en su frio hogar para buscarlo, mirarlo con desprecio y regresar a mi vida normal, lo ignore mucho; sin embargo ya me estaba acostumbrando a verlo con su particular cicatriz, lamentablemente nadie más le prestaba atención a dicha marca y terminaron por confundirlo con un tomate corriente. Un momento… ¿Qué me está pasando? ¿Por qué estoy hablando con un tono especial? Tom era un tomate corriente, para ser más exacta, era menos que eso, ya que nunca seria parte de una saludable y colorida preparación, aun sabiendo que para eso sale de un supermercado.